viernes, 12 de noviembre de 2010

Rosa Silverio (República Dominicana-1978)


Un hombre sabe cómo partirte en dos


Un hombre sabe cómo partirte en dos
ha estudiado bien dónde hacer el corte
el lugar exacto en donde debe enterrar el cuchillo.
Sabe también que antes de desplumarte
debe retorcerte el cuello
calentar el agua
luego podrá guisarte con sus especias favoritas.
Un hombre conoce los trucos para ganar la partida
para quedarse con el botín
y huir sin dar explicaciones.
Siempre memoriza tus puntos cardinales
siempre te engatusa
te caza
te domestica
y luego te corta como una naranja
que reparte con presunción entre sus amigos.
Un hombre actúa como un dios
te trata como un pastel
y sabe cómo partirte en dos
sabe cómo hacerte infeliz
sí que lo sabe.


El crimen


Hoy se ha cometido un crimen
un cobertor protege al homicida
Los periódicos sólo han visto
la mancha entre mis dientes
No dijeron nada de la mano que apuntó a mi cabeza
de los fragmentos de cráneo esparcidos por la casa.

Mi alma ha enmudecido.
Mi corazón está cerrado.

Nunca imaginé algo tan horrendo.

¿Quién es la manzana, el gran reptil, la sombra bíblica?
Este crimen apesta demasiado.

Un pasado histórico pesa sobre mis hombros
Hay una mujer que ofrece para comer el fruto
otra voltea la cabeza y mira hacia atrás
sobre su hombro.

Debo ser responsable de algo
Algo debe caer en mi conciencia
(eso han escrito todos)

Miro al cielo
totalmente despejado
y pienso en el dios de los hombres
Dicen que ahora mismo me está mirando
Me lo imagino disfrutando de este juego
mientras yo echo mi último escupitajo.

Hoy se ha cometido un crimen
El homicida anda suelto
Por sus manos resbala la sangre de la víctima.

Mi alma muda… mi corazón cerrado.

Esta noche tiemblan todas las ventanas.



Hay que ponerle nombre a esta tristeza

Hay que ponerle un nombre a esta tristeza
hay que ponerle un corazón,
un ojo de gato o de serpiente,
hay que ponerle un vestido
tacones
maquillaje
y sacarla a pasear
emborracharla
y cogérsela en una esquina
o en un motel de mala muerte.
Hay que golpear a esta tristeza,
darle latigazos,
enseñarle quién manda,
amarrarla a un poste eléctrico
o deshojarla en una tarde de septiembre.
Hay que saber que el mundo
es una telaraña o una sombra ancha
dispuesta a devorarlo todo,
a tragárselo todo de una bocanada
o de un zarpazo.
Hay que entender que las cosas
tienen un lugar geográfico, un nombre,
una textura exacta y una forma
y que dentro de esas cosas
está desnuda y en silencio
la tristeza,
como una corriente de aire frío
o el mar cuando se han dormido las olas,
como un conuco solitario,
un rancho de tabaco a oscuras
o Matanzas a las cinco de la tarde.
Hay que saber que la tristeza existe
como existe la casa, la tacita de té,
el reloj, el árbol, los recuerdos
o la fotografía de mi abuela
con una blusa llena de pájaros blancos
y una mirada que me hace recordar
a todos los muertos que ha tenido que llorar
mi pobre abuela.
Hay que saber que la tristeza no sólo existe
sino que también tiene su espacio,
su rincón en el interior de cada cosa,
su propia coloratura, sus exigencias
e incluso sus horarios
y que a veces uno se cansa,
se harta de tanta mansedumbre,
de tumbarse en una cama,
de tomarse un frasco de pastillas,
de pensar en sogas, en puentes
o en desahogos sentimentales,
y de repente uno se levanta
y dice coño
y decide cambiar el orden del mundo,
ponerle un nombre a la tristeza,
etiquetarla,
mandarla a la mierda,
y seguir hacia delante,
siempre adelante,
como el que va en un tren
o en un motoconcho,
aunque el vacío siga en el lugar de siempre,
aunque nada sea como antes,
aunque el amanecer no sea luminoso,
aunque la tristeza jamás desaparezca.



La gran actriz


Sobre el escenario la gran actriz.
Delante de ella su público expectante.
La artista, consagrada en la materia,
gesticula, chilla, llora, infla el pecho y suspira.

Cada gesto exactamente calculado.
Cada movimiento en su justa medida.

Nada escapa de su control
Han dicho que nadie puede superar su técnica.

De repente su rostro pierde el color
y suavemente cae desmayada sobre las tablas.
El público la observa con la boca abierta
y le rinde una estruendosa ovación que retumba en el teatro.

Entre aplausos, bravos y pitidos
la gran actriz ha vuelto a triunfar.


Arma letal

Soy un arma de destrucción masiva
Habito el mal y el mal habita en mí
En mi interior se ha hecho de noche
no hay vuelta atrás
se han roto todos los espejos
el agua turbia yace en su estanque
Soy toda vértigo
un dolor que no cesa
un silencio, una huella que se borra
una carta cuya tinta desaparece
y con ella se lleva toda mi historia
Soy la que carga consigo los estigmas de la muerte
una paria, el pecado cometido a escondidas
A lo lejos escucho rezos en mi nombre
provenientes de viejas catedrales
Ninguna plegaria podrá salvarme
Ningún amor me rescatará de este infierno
Estoy prometida con el Diablo
desolada, hecha sombras
castigada por el látigo de Dios
En mi trayecto sólo hay barro y tormenta
No sé adónde dirigirme
Mi barca está perdida
mi corazón tiembla en este instante
siento el pérfido pinchazo de la aguja
Me voy, me estoy yendo
Llegó por fin la hora
de que toda mi angustia se desate.

Locura

Este animal que llevo dentro
que abre sus fauces
me muerde
se alimenta de mí
me enflaquece, me drena
ejerce su poder cuando le da la gana
y actúa como un dios sin consultarme
Este animal que llevo dentro
y que me rasga las paredes de la casa
desordena todas mis habitaciones
ha roto todos los floreros
ha triturado todos mis poemas
y se ha apropiado sin permiso de mi lecho
Este animal que llevo dentro
al que no puedo combatir con ningún arma
esta fiera que intento sacarme cada día
que es mi amante, mi sal y mi verdugo
en pocos años, estoy segura, terminará devorándome
y condenándome a la muerte.



editor

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Carlos Amador Marchanf es un escritor chileno nacido en la ciudad de Iquique en 1955. Sus publicaciones en poesía y narrativa están insertas en su blog: http//:carlosamadormarchant.blogspot.com
 

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