viernes, 5 de noviembre de 2010

Poesía de Alicia Galaz (poeta de Valparaíso- Chile, fallecida en 2003 en EE.UU.)



JAULA GRUESA PARA EL ANIMAL HEMBRA

Ediciones Mimbre Tebaida 1972- Arica- Chile




PAVANA

…”Nos iluminó hasta oscurecernos”


Me das a beber del caño con tus manos
como iluminado en el rito de sembrar la verdad,
en tanto ensayamos las formas crecientes del deseo
que me erige en hembrarreina.
Registro los ruidos de la habitación,
el regodeo del gato sobre la silla
junto al diario que habíamos comenzado a leer
y el mar ahora
como una garza crestada de blanco y rojo
confunde su ruido con el canto del gallo de mi vecina.
La voz salpica las paredes.
Yo cojo tu estambre rojo entre mis yemas,
tú deslizas tus dedos por mis dos hongos
y alimentándonos cércote como loba
para aquellas transgresiones perversas que practicamos
entre los pequeños bastiones de la intimidad.
Y eres mi padre y eres mi hijo
y eres el perro hambriento que yo esclava esclavizo
y sucumbe con mi lengua por la punta de tu nariz.
Otra vez loba me haces y cordera,
perro hambriento nuevamente y corderillo,
mamón eres por ciencia de ungimiento
al aviso de mi tráquea gutural.
Son un río de crecida el deseo y la ternura,
los puentes ceden, braceo hacia arriba y tú me inundas.
Lanzamos la piedra al agua que nos traspasa.
desde el pecho a las orejas,
como ahora hace más de veinte años.



HEMBRIMASOQUISMO

“Quiero que sepas
una cosa.
Tú sabes cómo es esto..”


Clasificada nazco como mujer.
Eterna esposa entre ollas, platos, calcetines,
escobas, cocinas, papillas y cedazos.
Río en mi apostolado de sábanas.
Aséptica rechazo ambigüedades;
defiendo el-legado-del- espíritu,
mientras exorcizo el presupuesto.
Funcionaria del tiempo distribuyo los mil y un días
en flagrantes compromisos, cumpleaños y bautizos.
Toda una red de conductas hidrópicas, purgativas.
La soledad me marca en las ferias y en las plazas.
En el instinto me refugio.
Me controlan la matriz.
Me postergan, me limitan, dosifican la ternura
y las palabras.
Planeamiento de alto nivel condicionan mis esquemas.
Sobre el parir o no parir
hablan.
Ponen odio y miedo.
Me lanzan por el rostro las leyes, la religión
o las costumbres.
Y a ti que te sonríes, te borraré del Paraíso.



“Os voy a contar todo lo que me pasa”



AUTORREFERENCIAS

“La verdad buena o la verdad mala”


Pláceme llegar a mis dulces calcetines
y zapatos de descanso.
Prohíbo las bullas alternancias del mujerío
entre platos, ropas, centauros las bateas.
La contingente bebida trago en el bar.
A la cantina de don Timo o al billar me acerco;
me sube así la embriaguez al buche misterioso.
Interminablemente hago proyectos para mejorar el país
o mi circunstancia de carambolero profesional
en el arte de lucir este cuello y corbata,
ajustada siempre al paso rimbombante de toda ondulancia
de pechos y caderas.
Me enredo en la cartelera del porno-shop a todo color,
mientras no quiero pensar qué hizo mi mujer
con su último embarazo:
los fetos cuelgan como crueles pensamientos.
Sigo enamorado de la vida.
Héroe soy de historias no vividas.
A mi regreso me verán esquivar mi sombra ya gastada,
respirar hondo,
meter la llave en la cerradura:
miro más alto de las ollas y platos y ropas,
del secador y los pañales.
La boleta del arriendo yace blanca, petrificada en la consola.




SOLUCIONES

“no sabía vivir sino esconderme…”

Reptas, te nutres, llegas sin color.

Te pones a sacar cuentas en una bitácora de otro tiempo
y señalas itinerarios,
emociones frecuentadas:
hasta los pares de zapatos comprados a tus hijos
te parecen pasos que nunca llegaron a ninguna parte.
Se proyectan ahora en la pared de este cuarto alquilado.

Adoptas entonces el empaque de togado funcionario
con la solemnidad de alguien
que no quiere morir.
Así cuentas historias muy antiguas
y en la noche auscultas tu propio latido,
descifrando el vacío en las manos.

Escuchas bien tu clase de hambre
que cierra
con desconocida llave
el aposento ése que intentabas habitar.
Reeditas los mitos para vivir,
pero descubres que tu rostro ha sido borrado por la lluvia.





PERSISTENCIA DEL SUBDESARROLLO

“No es sólo un hombre….”


Te llamas jefe de hogar y ya son varios
los que has dejado, con los hijos
mirando la puerta.
El sol te abre caminos,
pero arrinconado autómata juegas cacho
con el compadre en la cantina,
haciendo brindis de papel hasta el último centavo.
Arrimada a las artesas, con sus pechos secos
y abortos sucesivos,
tu mujer para la olla.
En el portón de la fábrica, sin juventud,
aguarda con la olleta de pancutras, días tras día,
el pito definitivo de las doce.
Ayer no más decía, tengo dieciocho años..
Regüeldas con deleite al ver mujer ajena,
asado o remolienda,
en tanto a solas con el frío
y el agua de la lluvia entrando en las fonolas,
ella sopla la vela en la mitad de la noche
como una tregua que acalla el hambre con el sueño.
A duermevela, de sobresalto armados,
tus hijos se defienden de invisibles fantasmas,
cuando de golpe emerges en la puerta
tratando de tocarte para saber si estás vivo.



TU NOMBRE EN LAS PLANILLAS BUSCO

“Ya se murió y no hallo a quién decirle..”


De día, de madrugada, de sobretiempo,
de polvo armada la veía sentarse cerca del suelo
con el frío algo turbio de las muletas en la puerta.
Reía llamándome a jugar.
Sus pocos años la salvaban.
Tiempo hace que en los estuarios del sueño,
vaciando su olimpo blanco,
la vi de negro,
las ojeras de vidrio,
entrando a la fábrica de perlina y radiolina envasadora.
Cojeábamos todos al entornar tú esa puerta de fierro.
La silicosis, hidra trasnochada,
metiéndose en la rueda del molino,
las aspas de tu muleta,
remolienda de la pobreza
en horarios fijos.
Todavía vienes haciendo esa venia reverencia,
hacia la derecha,
más a la derecha, izquierda, derecha,
con la muleta más crecida.
Rompe, rompe, rompe las aspas
de tu pobreza
o acomódala, tu muleta, de día, de madrugada,
de sobretiempo, otra vez con el frío algo turbio
del último turno en horarios fijos.




MI MADRE ME TORTURA EN LA PUNTA DE LA SILLA


“Yo recuerdo en mi infancia…”


Mi madre me tortura en la punta de la silla
los sábados a la hora de visita;
los pies juntos en casa de la amiga,
sin moverme y no se moleste muchas gracias
mientras mi hermano trepa escalas,
saca frutas, se raja el pantalón con el gran siete
de la victoria en su primera independencia,
al regresar libre de nosotras, 30 metros adelante.
Me colocan cintas, me complican los vestidos,
sobre el andar y los modales
dictan cátedra las abuelas, las tías,
las vecinas y parientes que reiteran los peligros
de las relaciones prematuras.
Hablan de ser madre y buena esposa,
de ventajosos matrimonios escucho asertos perentorios:
si luego la niña no se casa
es mejor que siga una carrera, pero corta.
La honra familiar se cuida y pasiva recibo los consejos
sobre el matrimonio nuevamente
y corro hacia mi madre, de la virginidad,
voy a mis amigos, de la moral, de casamientos
y bautizos, protocolo y ceremonias,
los buenos maridos, respeto y conveniencias.
Mi padre llega hasta la mesa y tejo entonces fantasías
sobre mi madre comedida que le lleva su café.






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Carlos Amador Marchanf es un escritor chileno nacido en la ciudad de Iquique en 1955. Sus publicaciones en poesía y narrativa están insertas en su blog: http//:carlosamadormarchant.blogspot.com
 

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