jueves, 4 de noviembre de 2010

Entrevista a Nancy Astelli


ENTREVISTA A NANCY ASTELLI
Por Carlos Amador Marchant

Nancy Astelli es una periodista chilena que se fue de nuestro país (de Valparaíso) en febrero de 1974, después de haber estado varios meses en la Embajada de México en Santiago, saliendo desde allí con asilo político al país azteca. Allá se mantuvo por 16 años, retornando el 7 de septiembre de 1989.
Astelli había egresado de periodismo en 1973 y precisamente ese año le correspondía dar su examen de grado. Sin embargo, no pudo hacerlo por el golpe militar. Se trata de una mujer que dio parte de su juventud por la causa en favor de los desposeídos de América en los tiempos de las dictaduras del 70. Con ella me reuní en un cafetín del centro de la ciudad para permitirle que nos narrara parte de su vida casi desconocida por sus cercanos.



¿Recibiste alguna ayuda solidaria en México?.

La verdad que sí. Tuve la ayuda de colegas mexicanos y también de una organización de periodistas de Chile y americalatina que llevaba por nombre “Federación Latinoamericana de Periodistas”. Logré integrarme a ella y trabajé en un Centro de Comunicación Social (Cencos) que estaba ligado a gente de la iglesia. Bueno, también debo decir que en ese momento México era como una gran sede y concentración del exilio latinoamericano. Trabajé por varios años y mi labor fundamental fue dedicarme a Latinoamérica con una revista sobre Derechos Humanos. A través de este mismo trabajo, sobre todo con líderes políticos y comités de solidaridad existentes, logré conocer a personajes que encabezaban los movimientos insurreccionales de casi todo el continente. Logré hacer para ellos varias conferencias de prensa, de tal forma de buscar que la lucha de los pueblos más chicos como el nicaragüense, salvadoreño o Guatemala, se expandiera y se diera a conocer.


¿Desaparecía mucha gente en ese momento?.

Efectivamente. En ese momento estaban desapareciendo no sólo en los países donde se mantenía la guerrilla, sino también, por ejemplo, en Guatemala, comunidades indígenas completas, debido a que los mayas habían vivido más de 500 años sobre inmensos pozos petroleros. Entonces la milicia, tanto de ese país como de Estados Unidos, comenzó a limpiar la selva para instalar gigantes plantas explotadoras petrolíferas. Llegó a tal extremo esta situación, que en un momento determinado los mexicanos llegaron a mantener en la frontera sur a más trescientos mil indígenas y que estaban siendo atendidos por Naciones Unidas y la solidaridad del mundo. Fue lamentable ver las condiciones de vida que mantenía esa gente, con enfermedades producto de la extrema pobreza. Vi a muchos con esas llagas terribles que se forman en las zonas tropicales y el gobierno mexicano fue muy generoso con ellos. Se trasladó mucha gente a trabajar y colaborar en esos campamentos.
Se trató de una tarea hermosa para esos tiempos…
Fue una tarea hermosa que se pudo cumplir en unión a la gente que trabajaba el tema de los derechos humanos, desde los distintos frentes políticos, por los movimientos del continente. En ese momento logré contactos con corresponsales extranjeros. Ahí conocí a un periodista austriaco, a Leo Gabriel, y con él logramos formar una agencia de noticias para americalatina y los países de habla alemana. Era la época del llamado “periodismo verde”. Pues bien, toda esa información la sacábamos a Europa, y logramos, en un determinado momento, después que Somoza cayó y el Frente Sandinista de Liberación Nacional se tomaba Nicaragua, solidarizar con todas las personas que quedaron lisiadas de guerra, mucha gente joven que quedó sin brazos, sin piernas. Leo Gabriel con el gobierno austriaco consiguió implementos de alta tecnología para ir en ayuda de ellos.


Háblame específicamente de los momentos de tu exilio a México…

La verdad salí al exilio porque estaba en la lista de los buscados en Chile. Pertenecí a un partido político de la Unidad Popular. Trabajaba en una institución del Estado, que era la Corporación de Mejoramiento Urbano, y que estaba haciendo grandes modificaciones en la construcción de viviendas sociales. Éramos como los gestores de una reforma urbana que le daba, por cierto, pavor, a las instituciones privadas de ahorro y préstamo y que se beneficiaban del ahorro de todos los trabajadores. Hubo gente que llevaba muchos años ahorrando porque antes se sacaba por planillas el descuento para la vivienda y, sin embargo, nunca lograban tener sus casas. Mucha gente acomodada de Viña del Mar, Las Condes o de cualquier parte de Chile, lograban hacerse tremendos chalet con el dinero de los trabajadores pagando, además, una miseria de dividendo. Bueno, pero con los años se han ido corrigiendo una serie de políticas habitacionales. Lo concreto es que muchos de mis compañeros de trabajo salieron al exilio. Por ejemplo, encontré a un abogado en México. Su esposa lo andaba paseando por el mundo para ver cómo lograba recuperar su memoria, porque con las torturas quedó con una demencia casi senil. Se trataba de un hombre joven que nunca logró mejorarse. Encontré a otros compañeros trabajando en su profesión, en Centro América. Hubo gente muy bien preparada, de muy alto nivel…en fin.
Cuando retomas tu carrera de periodismo en Valparaíso, es decir a tu regreso del exilio, reinicias el tema concreto de la investigación, sobre todo con el libro de Mitos y Leyendas del puerto….¿qué temas te han interesado más ...y cuáles seguirás desarrollando?...
Mira, la verdad, yo encontré muchas joyitas (como dice Juan Cameron), en donde todos veían fantasmas, ruinas, desolación, y donde, la verdad, todos creían que el puerto ya estaba muerto, que ya no se levantaba más. Cuando regresé veía a veces esos titulares y me daba mucha tristeza. Pero yo sabía, así como vi a la gente de este puerto en el exilio reuniéndose en el llamado “ Centro Hijos de Valparaíso”, donde nos juntábamos y buscábamos fórmulas para estar cerca de sus costumbres, haciendo comidas, compartiendo, siempre dije que el porteño, jamás se olvida de su tierra. Entonces comencé a mirar de nuevo, después que la universidad me dio la posibilidad de recibir mi título de periodista, con esos mismos ojos que lo había visto antes, cuando estudiaba y salíamos entre alumnos y profesores a recorrer la bohemia. Porque se trataba de una bohemia sana, a nadie sorprendía que hubiese una prostituta en la mesa, comiendo con nosotros y luego se levantara y se fuera. Era, en realidad, algo que estaba asumido dentro del paisaje. Lo cierto es que daba tristeza ver, por ejemplo, donde antes hubo un centro de diversión, ahora sólo existía un gran hoyo, cercado por puras latas. Otros balcones dedicados a la reconversión de plásticos, qué sé yo, terminales de buses, panaderías. Pero, a pesar de todo, todavía existían negocios como El Bar Inglés, El Cinzano, La Moneda de Oro, El Playa, Las Cachas Grandes, El Liberty. Y claro, uno veía caminar mucha gente, mirabas mucho “guachaca” como se dice ahora, esos rematados ya en la Plaza Echaurren, botados. Pero también observabas que el cura Pepo, el famoso cura, buscaba fórmulas para incorporarlos, aunque fuera fin de semana acarreaba gente y los levantaba, los limpiaba , les cortaba el cabello. Es decir, había gente que hacía cosas. Entonces empecé a buscar en las bibliotecas, en los periódicos, a leer libros, y la sorpresa más grande me la llevé con los cronistas antiguos. Ejemplo, una vez buscando me encuentro con unos cronistas de Quillota, antiguos, en la Biblioteca Severín, y que hablaban del origen de la cueca, cómo estos indígenas que traían de África, que venían prisioneros en los barcos, llegaban primero a Buenos Aires, de ahí los pasaban por la cordillera hacia Chile, y venían en tan malas condiciones que los transportaban a unas “engordas” a los valles de Petorca y Quillota. Entonces en ese trayecto desde la cordillera, esos indígenas venían bailando una danza que se llamaba Lariate, que era como el cortejo del gallo hacia la gallina. Después, en las haciendas cercanas, los campesinos le pusieron el palmoteo y el guitarreo que es ibérico. Una vez que ellos se reponían los llevaban a la Plaza Orrego que viene siendo la actual “Victoria” de Valparaíso y ahí los remataban. Venían los esclavistas y los compraban según la talla, los dientes y la fuerza hasta embarcarlos al Perú para el virreinato, a las haciendas azucareras o de algodón. Aquí ya vemos un aporte que no es de la zona ni de Valparaíso, al baile nacional.


¿Hubo muchas sorpresas en estas investigaciones?
Por supuesto, después me voy encontrando con que en los burdeles de Valparaíso había nacido una cueca brava que tenía una característica bien especial, y tiene que ver con que era cantada sólo por hombres, con panderetas, piano, acordeón, guitarra. Y es tan alto el registro que cualquiera no la puede cantar. Y este mismo registro también se da en un canto de los emiratos árabes. Entonces ves la relación entre esta cultura que se expande con España, porque los árabes estuvieron ahí varios siglos. Al puerto comienzo a estudiarlo con la generación del 50, donde muchos escritores toman como inspiración a Valparaíso. Salvador Reyes o el mismo Lafourcade que escribe Palomita Blanca en uno de los bares de la calle Cochranne. Entonces vamos viendo también cuántos han sido los aportes a este movimiento bohemio con Neruda o la Mistral o el mismo Jorge Edwards.


Finalmente…¿Cómo ves al puerto luego de cuarenta años?

Va a ser un puerto muy desarrollado, lleno de tecnología. Tiene gente inteligente a pesar de todos los tropiezos que puedan surgir ahora para desarrollar la ciudad como esperan muchos que salga airosa la gestión patrimonial con la ayuda del Banco Interamericano, de los españoles, de la comunidad económica europea y de tanto porteñista que ama a su ciudad.




editor

1 comentario:

  1. Saludos Nanci, yo te conocí en México junto con Hernán Ramirez (hijo) me da gustosaber de ti(en 1984)

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Carlos Amador Marchanf es un escritor chileno nacido en la ciudad de Iquique en 1955. Sus publicaciones en poesía y narrativa están insertas en su blog: http//:carlosamadormarchant.blogspot.com
 

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