miércoles, 3 de noviembre de 2010

Enrique Lihn en Viña del Mar




ENRIQUE LIHN EN VIÑA DEL MAR
Sergio Madrid Sielfeld


Poco o nada se sabe de las visitas sistemáticas realizadas por Enrique Lihn a Viña del Mar en el año 1983. No haré referencia hoy al gran contexto histórico de entonces, pero sí al micro contexto regional que vivíamos poetas mayores y menores. Yo era uno de esos poetas menores, por no decir un niño que, lleno de curiosidad, transitaba la ciudad todavía en uniforme de colegio. Visitaba por entonces a los amigos de la Librería Altazor, Patricio y Marcelo González, lugar que se erigía como un verdadero centro secular de la vida intelectual de esos años. Enumerar a todas las personalidades que por ahí pasaron, y las actividades, tales como lanzamientos de libros y revistas, así como las contigüidades con otros centros de actividad cultural, requeriría sin duda un merecido artículo aparte. En este espacio me centraré en la figura del poeta.
Recuerdo que fue Sergio Holas quien me entusiasmó para asistir a un Taller que realizaría Enrique Lihn en el Instituto Zipter, ubicado por entonces en la Av. Libertad, frente a la Iglesia Las Carmelitas, en una de esas casas señoriales que por lo general no sobrevivieron ni al terremoto del ochenta y cinco, ni al posterior auge de la construcción de edificios comerciales. Recuerdo que el ante patio estaba cementado y que había un gran letrero con el nombre del Instituto. El sociólogo y poeta Mario San Martín (Antonio Vieyra), era quien había usado sus influencias para generar estas reuniones con el poeta, a quien, amigo y confidente, quería por este medio prestarle una ayuda económica. Antonio ocupaba, si no me equivoco, algún cargo directivo en esa institución.
Así fue como partí una tarde en compañía de Holas, mi tocayo, desde la Librería Altazor, ubicada por entonces en el paseo Nuevo Centro en Av. Libertad con Uno Norte. La Avenida Libertad, siempre frondosa, constituía una caminata muy llevadera, a pesar de que terminara en Quince Norte con el Regimiento Coraceros. Afuera del Instituto Zipter estaba el poeta, de pie, conversando con una docena de interlocutores, que poco a poco fui distinguiendo y conociendo. Esta especie de pre-calentamiento conversatorio se produciría todas las semanas que duró el Taller. En la vaguedad de mi memoria me parece distinguir muy claramente al siempre bien ponderado Abel González acaparando a Lihn en las previas, en conversación muy entusiasta. Recuerdo también muy claramente, entre otros, los rostros del por entonces flaquísimo Alejandro Pérez, Juan Cameron, Udo Jacobsen, Marcos Riesco, al entrañable Mauricio Barrientos, Manuel Espinoza, Freddy Flores, Fernando Rodríguez, y la figura iluminada de Juan Luis Martínez. Muchos de estos personajes se me aparecían por primera vez y para siempre.
Enrique Lihn nos entregó una serie de fotocopias que contenían autores modernos como Baudelaire, Nerval, Rimbaud, así como autores hispanoamericanos: Vallejo, Neruda (de las Residencias) y Mistral. Lihn se dedicaba a comentar algunos de estos poemas y se iniciaban conversaciones que debieron resultar muy interesantes. Mi ignorancia de juventud no me permitía acceder del todo a ese lenguaje que mucho debía al estructuralismo francés. Sin embargo, recuerdo especialmente la lectura que hizo de El fantasma del buque de carga de Neruda, poema que me impresionó para siempre. Hubo otra sesión donde Juan Cameron leyó un largo poema en ciernes, y que Lihn comentó polemizando sobre algunos aspectos. Creo que para Cameron esa experiencia debe haber sido un buen aporte para ese libro, por lo demás distinto al resto de su obra, llamado Cámara Oscura, y que publicó en 1985.
Finalmente el Taller se fue deshaciendo solo. Al parecer nadie pagaba sus cuotas, y no creo que nadie por esa época se sintiera en ánimo de cobranzas.

Volvimos a tener la presencia de Lihn en 1986, haciendo un Taller que tomó visos muy distintos, esta vez en la calle Las Heras en Valparaíso. Lihn planteó el tema de la anti-utopía y traía consigo un guión ad-hoc con el fin de hacer una película. La película nunca se realizó, pero sí hubo reparto de actores y algunos ensayos. Quien les habla fue uno de los afortunados, me asignó el rol protagónico de Pancho, un Príncipe que se enamoraba de una pueblerina que vivía en la periferia de Valparaíso, zona prohibida por la autoridad. En ese tiempo era muy común usar la elipsis y la alegoría para referir la Dictadura y el derrumbe moral que traía consigo. Lihn me dio un palmoteo en el hombro y me preguntó: —¿Has actuado alguna vez?. Ante mi negativa, me dijo sonriente: ¡No importa!. Y quizás esas fueron las únicas palabras que intercambiamos alguna vez.




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Carlos Amador Marchanf es un escritor chileno nacido en la ciudad de Iquique en 1955. Sus publicaciones en poesía y narrativa están insertas en su blog: http//:carlosamadormarchant.blogspot.com
 

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