miércoles, 3 de noviembre de 2010

A treinta años de la publicación de la Nueva Novela


A TREINTA AÑOS DE LA PUBLICACIÓN DE LA NUEVA NOVELA
Sergio Madrid Sielfeld
(Iquique, Chile. Poeta y académico: Ejerce en Valparaíso)


A treinta años de la publicación de La Nueva Novela, y a catorce años de la desaparición del autor, se puede hacer una apreciación referida a la figura de Juan Luís Martínez, sin más criterio que el del tiempo y las sucesivas generaciones que han asistido con sorpresa ante un libro que, mal que mal, ya está instaurado en la tradición. Demás está decir, que hubo profesores universitarios que no aceptaron que sus egresados hicieran sus tesis en La Nueva Novela, arguyendo excusas literarias de las más finas, como es el caso de la tesis nunca finalizada de Ricardo Cárcamo, cuyo profesor guía, Adolfo de Nordenflicht, desestimó. En Santiago, en cambio, más menos por la misma época, Roberto Merino había hecho su tesis sobre el mismo libro. No es de extrañarse que sucedan este tipo de contradicciones, tratándose de un libro que se resiste a la clasificación genérica convencional y que, como toda gran obra, es la invención de un género.
Al parecer, la resistencia hacia La Nueva Novela, se ve acuartelada principalmente en nichos académicos o academicistas regionales de la misma época en que Juan Luís vivía. Por lo demás, su personalidad iluminada no carecía del revés violento, la agresión y la bofetada. Sin duda, algunos le temieron, así como otros le envidiaron. Y fueron reticentes a aceptar la obra de Martínez en toda su dimensión e importancia. Mal que mal, un autor que no había terminado la enseñanza media, había indagado en las profundidades del alma contemporánea, con herramientas de vanguardia que superaban por lejos los intentos poéticos meramente literarios (al pie de la letra) y que, en profusión de significantes, había elaborado una retórica extrema donde la palabra, tal como la conocemos, no funcionaba ya como dicta la tradición al uso, sino de una manera más real. Por eso Juan Luís Martínez es un poeta, no un escritor, y probablemente el mejor conversador de su época, tal como decía Yeats de Wilde.
Hoy en día hay jóvenes críticos y artistas que lo valoran como artista visual, cosa que seguramente deja en buen pie a los literatos que le restaron importancia literalmente literaria. Sin embargo, no puede desconocerse que su obra visual tiene como presupuestos principales a autores como Baudelaire y Rimbaud, Lautréamont y Mallarmé. Sus referentes daban cuenta de un profundo conocimiento literario en lo que a poesía moderna se refiere. Él mismo proponía que Una Temporada en El Infierno es un libro que uno debería leer todos los días.
La Nueva Novela es un libro cosmológico, que persigue el sentido estructural más que sus efectos de belleza. No me cabe duda de que Juan Luís había sentado a la belleza en sus rodillas muchas veces, y que la había encontrado amarga y la injurió. Asimismo, pudo injuriar a todos aquellos que quisieron sentarse gratuitamente en sus rodillas, sin que le temblara el temple. No aceptaba hipocresías ni autocomplacensia de parte de jóvenes que aspiraban a ser poetas en tanto se aseguraban el sustento de la manera más burguesa. Juan Luís no los humillaba, los desenmascaraba ante sí mismos. No hace mucho conversaba, en Santiago, con un exitoso abogado ya no tan joven y me decía, con frustración, que él no había tenido las agallas para dedicarse a la poesía. Eso lo había aprendido de Juan Luís Martínez. La ética, como decía, es el pan de cada día.
Bajo su alero o su diálogo se formaron poetas como Raúl Zurita y Gonzalo Muñoz, Roberto Merino, Eduardo Vasallo y muchos otros. Sin embargo, su influencia moral trascendió el mundo de los poetas, y se extendió a muchas vidas anónimas que por cuestiones del azar de la vida, se encontraron con él. Asimismo, era impresionante el respeto que inspiraba en los jóvenes poetas de entonces. A mí, en lo personal, me gustaba a veces incomodarlo. Era como encender un polvorín de ironías.

La Nueva Novela (Juan Luís Martínez) fue publicada por el autor en 1977, y representó, desde el punto de vista editorial, todo un desafío. Asimismo, se consagró como una obra inclasificable desde la perspectiva de los géneros, dando paso a una poesía que extiende las posibilidades del lenguaje, vinculando distintos sistemas semióticos para conformar un nuevo sistema, o dicho de otra forma, superando la oposición entre el lenguaje visual y el lenguaje verbal, superando asimismo la oposición entre forma y fondo, signo y soporte.
Los referentes de La Nueva Novela son diversos, entre ellos algunos que no pertenecen naturalmente al dominio poético, como son la noción de signo de Saussure, la geometría no-euclidiana de Gauss y Lobatchevsky, entre otros. Como fuere, estos referentes, en lo que a la tradición se refiere, corresponden en su mayoría a la chispa vanguardista de principios del S. XX, por lo que puede clasificársele de obra neo-vanguardista.
Se convirtió desde entonces, a pesar de la incomprensión inicial por parte de la crítica oficial, en un libro de culto en el concierto poético chileno. La segunda edición (1985), también a cargo del autor, de carácter facsimilar, vino a reconfirmar esa sorpresa inicial, y a consagrarse probablemente como uno de los libros más importantes en la poesía chilena del S. XX. El propio autor se ocupó de su distribución y su venta, escamoteando toda aparición pública del autor por sobre la obra, haciéndose presente sólo en su negación. El libro, como obra singularísima, ha mantenido desde entonces un alto costo en el mercado, aun después de la muerte del autor, acontecida en el año 1993.
Hoy por hoy, esa segunda edición se agota, haciéndose urgente una tercera edición, representando una vez más, un auténtico desafío editorial. Pues hay que considerar que este peculiar libro incluye diversos tipos de papel, entre ellos papel secante, transparencias, papel de volantín, etc., además de hojas troqueladas y un par de anzuelos en la página 75, así como la inclusión de banderitas chilenas (papel volantín) y un papiro chino.
La Nueva Novela, lejos de ser olvidada, sobrevive en la actualidad a pesar de aislados detractores. Su complejidad, su noción cosmológica del libro, esa suerte de realización del sueño mallarmeano, su calidez y su carácter lúdico, su inusitada profundidad, la inmanencia de su lenguaje, la ubican como un referente obligado entre los artistas, académicos y estudiantes de las actuales generaciones.



editor

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Carlos Amador Marchanf es un escritor chileno nacido en la ciudad de Iquique en 1955. Sus publicaciones en poesía y narrativa están insertas en su blog: http//:carlosamadormarchant.blogspot.com
 

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