martes, 2 de noviembre de 2010

Imagen y espectáculo




IMAGEN Y ESPECTÁCULO
Por Guillermo Rivera


1. Observo, en el periódico, la foto de Anacleto Angelini. Delante de una estantería con gruesos y empastados tomos de historia y jurisprudencia aparece de pie con un libro abierto en sus manos como queriendo compartir con nosotros el brillo de algo. Viste un terno azul, camisa blanca, corbata también azul con listas de color gris perla. Su rostro de setenta años o más parece saludable bajo una mirada comprensiva y aguda. Se trata de uno de los magnates de Chile, del grupo de los hombres poderosos, quien ha hecho una de las fortunas más grandes de este país.
La fotografía, sin embargo, es de duelo. Y por lo mismo, ese aspecto estudiado, ese bajo perfil, esa austeridad que se corona en el valor de la palabra empeñada y la defensa de la propiedad privada y el orden público.

2. ¿Quién puede creer esto? ¿Quién puede creer que bajo ese aspecto estudiado de la imagen hay un hombre afable interesado en el bienestar del país? ¿Qué es lo que nos oculta esa fotografía y de qué intenta persuadirnos? Recordemos que ya en la Ámsterdam de Rembrandt, el millonario Elías Tripp se veía a sí mismo como pilar de la sociedad protestante: un traficante de armas chapado a la antigua que cada domingo asistía a la iglesia a escuchar predicas.

3. Sabemos que en la sociedad del espectáculo el mundo sensible se encuentra reemplazado por una selección de imágenes que existe por encima de él. Del mismo modo sabemos que Santiago se ha convertido en una ciudad de corporaciones, en un panal de abejas del capitalismo, regido no desde palacios o fundos, sino desde salas de directorios. Lo cual a la pregunta sobre que es lo que desean estos modelos corporativos podemos agregar el cómo quieren ser vistos.
Quieren un despliegue de decencia y sobriedad. Una mirada que los proyecte al futuro, pues saben de antemano cual es la máscara del día. O por lo menos fotografías y reseñas que los muestren como ciudadanos sin antifaces para el mundo. Son sus grandes gestos a ras de piso, esas propuestas que los impulsan y consuelan como una nueva clase: el inversionista como héroe.
Hombres sofisticados y ambiciosos que van más allá de su necesidad y ante cuyas miradas la sofisticación es mucho más importante que los bosques o la piedad.

4. Así el mundo que el espectáculo nos hace ver es el mundo de la mercancía o a sus porta estandartes dominando todo lo que se vive y alcanzando la ocupación total de la vida social. Al tanto que la relación con la mercancía no sólo es visible sino que es lo único visible.
Entonces se resignifica el país como escenario. Como expresión de nuestra cultura y nuestra psiquis, en una eterna tensión entre apariencia y realidad, y que en términos históricos tiene un precio muy alto. El de una sociedad que va conformando su espacio público basado en la agresión y el fraude.

5. El movimiento de las imágenes, su rasgo ambivalente, equivale al distanciamiento de los hombres entre sí. Y tal como en la fotografía de Angelini su objetivo es que se acepte la identificación entre bienes y mercancía, y, de paso, grandiosas historias que desean básicamente dos cosas: por un lado, las historias deberían decir que son hombres ricos; por otro, que son hombres simples. Jamás detenerse en quiénes realmente son, en quiénes realmente han sido.

6. En estos simulacros moderados, antihistóricos, severamente clásicos, se evade el comportamiento frente al dolor de los demás. Arraigado en nuestra propia historia es la memoria lo que vincula el dolor al sacrificio. Pero esta visión no puede ser más ajena a la sociedad de las imágenes espectaculares. La cual tiene al sufrimiento por un error, por un accidente, ya que desde el punto de vista del espectáculo una mutilación resulta más entretenida que sobrecogedora.

7. Podemos decir entonces que en este tipo de representación – la representación del mercado como espectáculo- se vive la fantasía del progreso y de patéticos sueños de aspirantes a consumidores. La ilusión de una nueva utopía realizándose al margen del conocimiento.



* (Las referencias sobre la Sociedad del Espectáculo vienen básicamente de la lectura de Guy Debord).


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Carlos Amador Marchanf es un escritor chileno nacido en la ciudad de Iquique en 1955. Sus publicaciones en poesía y narrativa están insertas en su blog: http//:carlosamadormarchant.blogspot.com
 

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